5 motivos por los que hoy, más que nunca, es fundamental que los libros de texto de Historia incluyan el trabajo con fuentes historiográficas

Una de las grandes diferencias que noté en la enseñanza de Historia cuando impartí clases en Reino Unido fue el uso que se hacía de las fuentes historiográficas en el aula desde los primeros años de Secundaria (en concreto, desde Year 7, es decir, desde que los estudiantes tienen 11-12 años).

Me llamó la atención porque en España cuando yo estudié, ni en Secundaria ni en Bachillerato se solía trabajar con fuentes (más adelante explicaré qué quiero decir con trabajar con fuentes, pero ya adelanto que no me refiero a hacer comentarios de texto a partir de ellas). Es más, hasta los últimos años de la licenciatura no se estudiaba realmente la metodología que emplean los historiadores ni su trabajo real: reconstruir el pasado a través de los vestigios que han llegado hasta nosotros.

Cuando tuve la oportunidad de impartir el Bachillerato Internacional también me di cuenta de que en ese programa el trabajo con las fuentes es esencial y a un nivel adecuado permite al alumnado desarrollar habilidades que hoy, más que nunca, son fundamentales: cuestionar información, relacionarla, desarrollar la capacidad crítica, analizar, evaluar, interpretar, usar evidencia para sostener afirmaciones o refutarlas…

Qué son fuentes historiográficas y en qué consiste el trabajo del historiador

Las fuentes son vestigios que conservamos del pasado y los historiadores las utilizan para reconstruirlo. Se suelen distinguir dos grandes grupos de fuentes:

    • Primarias: ofrecen una visión directa de los acontecimientos y fueron creadas en el momento histórico que se está estudiando.
    • Secundarias: son obras que analizan o interpretan otras fuentes, ya sean primarias o secundarias.

En realidad, el trabajo del historiador se asemeja mucho al del detective. Los dos se hacen preguntas sobre lo que ocurrió en el pasado, investigan, reúnen evidencia, reconstruyen los eventos pasados a través de la interpretación y la deducción, y presentan sus conclusiones de manera argumentada.

Qué supone trabajar con fuentes historiográficas en el aula

Trabajar con ellas va mucho más allá de identificar las ideas principales de una fuente documental que aparezca en el libro escolar como complemento de la información que aparece en el texto principal. También supone algo más que contestar unas preguntas que ayuden a identificar esas ideas clave, aunque todo esto, por supuesto, es muy útil.

Del mismo modo, redactar un comentario de texto a partir de una fuente en el que se relacionen las ideas principales con los contenidos que el estudiante está adquiriendo es, obviamente, crucial. Pero trabajar con fuentes en el aula requiere algo más:

  • Se puede enseñar a los estudiantes a interrogarlas, es decir, a hacerles las preguntas adecuadas según la información que estemos buscando;
  • para esto, por supuesto, primero hay que enseñarles a plantearse preguntas relevantes;
  • a un nivel adecuado, el alumnado puede aprender a evaluar la utilidad que tiene una fuente de acuerdo con la información que nos proporcione a la hora de contestar las preguntas que nos hemos planteado;
  • pueden valorar la veracidad de la información que nos facilitan, según la autoría, la intención, el contexto en el que se produjeron… si la información que nos aportan es fiable o no;
  • se les puede enseñar a inferir información a partir de ellas, sobre todo, la información que no es evidente o que se pretendía ocultar o tergiversar;
  • pueden utilizar la información que les proporcionan las fuentes para contrarrestar, refutar o sostener afirmaciones e interpretaciones.

Por supuesto, el gran reto de todo esto es adaptar tanto las fuentes como las actividades didácticas a la edad correspondiente y a la etapa educativa.

Por qué es importante que los alumnos trabajen con fuentes

1. Quizás el motivo más evidente sea que así lo exige la normativa actual.

Dos de las competencias específicas en el currículo de Geografía e Historia establecido por la LOMLOE mencionan de manera explícita el uso de fuentes:

«Buscar, seleccionar, tratar y organizar información sobre temas relevantes del presente y del pasado, usando críticamente fuentes históricas y geográficas, para adquirir conocimientos, elaborar y expresar contenidos en varios formatos.

Conocer los principales desafíos a los que se han enfrentado distintas sociedades a lo largo del tiempo, identificando las causas y consecuencias de los cambios producidos y los problemas a los que se enfrentan en la actualidad, mediante el desarrollo de proyectos de investigación y el uso de fuentes fiables, para realizar propuestas que contribuyan al desarrollo sostenible».

Asimismo, entre los saberes básicos se mencionan «Las fuentes históricas y arqueológicas como base para la construcción del conocimiento histórico». Además, se establecen criterios de evaluación para valorar hasta qué punto se han adquirido las habilidades asociadas al trabajo con fuentes.

2. Los estudiantes pueden desarrollar habilidades cognitivas que son cruciales en una sociedad en la cada vez es más difícil verificar la información y establecer su procedencia.

A través del uso de fuentes primarias en el aula se puede fomentar el análisis, la capacidad crítica y de relación de los alumnos. Trabajar con fuentes puede contribuir a que se acostumbren a buscar información, a seleccionarla, criticarla, a desechar la irrelevante, a sintetizarla y a categorizarla. Asimismo, al enseñarles a cuestionar la información que recibimos de unas fuentes y otras, y al explicar la necesidad de complementarla, los estudiantes aprenden a reflexionar de manera crítica y a rechazar aquellas afirmaciones que no están bien justificadas o argumentadas. De la misma manera, puede mostrar al alumnado la necesidad de usar evidencia para justificar opiniones y afirmaciones.

3. Usar fuentes primarias en el aula significa también que los estudiantes pueden tener la oportunidad de ser los protagonistas de su propio aprendizaje, pues, con el apoyo necesario y al nivel adecuado, son ellos los que tienen que extraer, deducir y relacionar información.

4. En un momento en el que se insiste en el aprendizaje competencial en las aulas y en que se debe dar prioridad a la enseñanza de procedimientos e instrumentos para adquirir información y transformarla en conocimiento (aprender a aprender), es crucial que en la asignatura de Historia se enseñe a los alumnos los medios con los que los historiadores obtienen información y la convierten en conocimiento histórico. Hoy en día ya no parece tener sentido que el principal objetivo de la asignatura de Historia sea simplemente enseñar y transmitir una continua sucesión de eventos encadenados unos detrás de otros, aunque, por supuesto, conocer esos eventos sigue siendo fundamental.

5. Trabajar con fuentes les invita a reflexionar sobre la naturaleza cambiante del conocimiento histórico.

Puede ayudarles a ser conscientes de cómo el pasado se construye desde el presente y cómo este condiciona al primero; pueden entender que normalmente hay una gran diversidad de interpretaciones sobre el pasado y que, muy importante, todas las sociedades hacen un uso particular del pasado.

Todo esto, por otro lado, puede influir en la motivación y en la actitud de los estudiantes hacia la asignatura, pues percibir la utilidad y relevancia de lo que están aprendiendo es esencial para que los alumnos muestren interés por la misma.

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