Entrevista con Susana Sierra, correctora, autora y dramaturga

PERSONAJES

Susana Sierra

Teresa Ballesteros

Antiguo dormitorio convertido en espacio de trabajo. Ventana amplia al fondo con cortinas claras. Finales de un invierno cálido. A la izquierda escritorio atiborrado de libros que deberían rellenar los huecos vacíos de la estantería contigua. El monitor de un ordenador encendido sobre el escritorio. Al levantarse el telón la escena está sola. Se oyen pasos e inmediatamente una puerta que se abre por la derecha. Sale Teresa con un teléfono en la mano.

Teresa.(Hablando para sí misma.) A ver si le parece bien la propuesta… (Se acerca el teléfono a la boca para grabar un audio.) ¿Y si dice que no? (Dubitativa, deja el teléfono sobre la mesa. Se sienta y mira la pantalla del ordenador. Coge uno de los libros de la mesa.) Guía para corregir textos dramáticos. Cómo enfrentarse a un texto dramático sin que sea un drama… (Sonríe.) La verdad es que hasta el título es bueno… (Vuelve a coger el teléfono y empieza a grabar un audio.) Susana, sabes que el día 27 de marzo es el Día del Teatro y había pensado en escribir una reseña de tu libro, que, por cierto, ya he terminado y utilizado, pero… se me ha ocurrido una idea mejor… ¿Por qué no hacer una entrevista a la autora para celebrar ese día? Dime si te parece bien, si tendrías tiempo y si te haría ilusión… (Deja el teléfono sobre la mesa. Acerca las manos al teclado, pero enseguida se levanta nerviosa.) ¿Y si dice que no? (Se vuelve a sentar y empieza a teclear. De vez en cuando mira el teléfono de reojo. Unos minutos después se oye el sonido de la llegada de un mensaje.)

Susana.(A través del audio del teléfono.) Hola, querida, no es que no me haga ilusión, es que es un honor que hayas pensado en mí, y me hace mucha ilusión, claro que sí, así que, encantadísima, cuando tú quieras.

Teresa.¡Qué bien! (Se levanta y se dirige hacia el público mientras sonríe satisfecha.) No vayan ustedes a pensar que esta entrevista es cualquier cosa. Dice que para ella es un honor, cuando, en realidad, el honor es mío. ¡Imagínense!… (Pausa.) Si hay alguien en el mundo de la corrección que sabe sobre textos dramáticos, ese alguien es Susana. (Da un paso más al frente, como queriendo acercarse más a los espectadores.) ¿Han leído ustedes su libro? Pues si lo han hecho, ya lo saben, ese libro es el reflejo de la experiencia y el conocimiento que ha ido acumulando durante años de trabajo con ese tipo de textos. (Pausa.) Y por eso muchas veces le piden que imparta talleres y seminarios. Como el que organizó UniCo o el que ofreció PLECA, la asociación argentina de correctores. Y, además, esta misma semana ha publicado con Éride Ediciones Me alegro tanto de verte, su última obra de teatro. Y otra viene en camino. Porque no solo es correctora. También es autora y dramaturga. Y forma parte de Contexto teatral. Ustedes saben de lo que estoy hablando, ¿verdad? Pues claro, que tiene mucho que aportar, efectivamente. Así que, ya saben, aprovechen esta oportunidad, no se despisten y presten atención a la siguiente entrevista a Susana Sierra Álvarez: correctora, autora y dramaturga.

¿Qué te llevó a especializarte en la corrección de textos dramáticos?

Muy joven, mientras estudiaba Filología en León, me uní a un grupo de teatro local. Tras terminar la carrera, me instalé en Madrid, donde me licencié en Arte Dramático en la RESAD. De forma paralela me inicié en la corrección de textos, de manera que empezaron a llegarme textos de teatro de compañeros para que les echara una mano. También escribía pequeñas obras para mí. Con el tiempo, fui reuniendo material y conocimiento que me permitía revisar los textos dramáticos con mimo y criterio. De manera natural, un trabajo llevó a otro y a la especialización a través de la práctica, la investigación y toda la formación posible.

¿Qué te aporta el teatro que no te aporta la narrativa, la poesía o el ensayo?

Tengo una vinculación emocional con el teatro. Son textos necesariamente breves (aunque hay representaciones de tres, cinco y ocho horas, lo habitual es una hora y cuarto-hora y media) en los que el espectador ve de manera física cómo se desnudan todas las pasiones humanas. Esa condensación, esa fuerza, saber que el texto es de una manera, pero que cada vez que se levante el telón será distinto, todo lo que rodea al hecho teatral, me conmueve.

¿Qué prefieres, leer textos teatrales, escribirlos, corregirlos o verlos representados?

El teatro cobra todo el sentido cuando se representa y alguien lo recibe. Ir al teatro siempre es una aventura emocionante. También disfruto mucho escribiendo; aunque me atraiga mucho el relato, para mí es un placer que se forme una historia en la cabeza, se macere y de repente salga disparada en una suerte de combate de esgrima de ataque y contrataque. Leer teatro es la alternativa a la representación. Permite captar matices, hilos discursivos o rasgos de personajes que en la representación se pasan por estar atento a la trama. Me gusta leer teatro, aprendo mucho, tanto de los autores y autoras del pasado, como de los que hoy escriben, que son muchos y con gran talento. Corregir es mi profesión, por lo que corregir teatro une profesión y pasión. Tengo suerte con ello.

¿Todos los correctores pueden corregir este tipo de textos?

Todos los correctores pueden si se forman en ello. Pero eso ocurre con cualquier texto, uno debe formarse para corregir medicina o textos jurídicos o de ingeniería, pues con los textos dramáticos, igual. Tienen claves específicas distintas a otros textos de creación y se comenten errores si se desconocen.

Según tu experiencia, ¿los dramaturgos le dan importancia hoy en día a la corrección de sus textos?

Pues no mucha. Incluso cuando se les corrige un texto y quedan sorprendidos por el trabajo, lo agradecen y valoran, luego tienden a olvidarse de que en su siguiente texto también necesitarán una corrección. La mayoría, sobre todo los jóvenes, no saben de la existencia de los profesionales de la corrección.

¿Hasta qué punto debe tener en cuenta el corrector la puesta en escena cuando se enfrenta a un texto dramático?

Hay dos vertientes en esta pregunta. La primera es que el texto solo adquiere sentido pleno en el escenario, por lo que hay que estar atento a todo lo que vaya en contra o no tenga sentido para este fin. La segunda es que la puesta en escena la decide el director, que podrá hacer de su capa un sayo con el texto, por lo que, como si fuera un instrumento musical, nuestra labor es dejarlo afinado para que luego el director y los intérpretes lo tengan fácil y claro.

Si estás corrigiendo una versión de Historia de una escalera y de repente Paca, una de las vecinas, en vez de decirle al cobrador de la luz «¡Les debía dar vergüenza chuparnos la sangre de esa manera!» le espeta «¡Les debía dar vergüenza cobrarnos de esa manera!», ¿cómo intervendrías?

En primer lugar, debería percatarme de que esa frase no es la original. Como nadie tiene aprendidas de memoria todas las frases de todas las obras escritas, si se trabaja con un texto ya publicado, siempre se debe ir a la edición primera o a la que se considere canónica para comparar los textos. En este caso, se detecta una discrepancia. Antes de empezar, debemos saber si se trata de una revisión del texto tal cual o de si se trata de una versión; si es una revisión del original, debe señalarse la discrepancia al editor por si este cuenta con otras versiones del manuscrito; si se está trabajando con una versión, se debe hablar con el dramaturgo que la ha hecho y confirmar con él si quiere ese cambio. Si es el segundo caso, la autoría será Historia de una escalera de Buero Vallejo en versión de Fulanito de Tal.

¿Por qué a veces es útil que el corrector lea el texto dramático en voz alta?

Porque permite distinguir mejor las voces de cada personaje. En teatro no hay descripciones prolijas como en la narrativa, son las palabras pronunciadas las que nos dicen cómo son los personajes. Leer en voz alta ayuda a captar los rasgos distintivos de cada uno, sus giros, muletillas, acentos o, al contrario, si se diluyen, si son contradictorios, etc.

En El Tuzaní de la Alpujarra, cuando el soldado Garcés le pide al morisco Alcuzcuz que se identifique, este responde: «Arroz; / que si entre moriscos era / alcuzcuz, entre crestianos seré arroz, porque se entienda / que menestra mora pasa / a ser crestiana menestra». ¿Corregirías algo en esos versos?

El personaje habla así, no lo tocaría, le quitaría su personalidad, la gracia y el contraste con el habla del resto de personajes. Sería un caso de ultracorrección. Se debe corregir, no enmendar la plana al autor.

Sabemos que las comas no se insertan según las pausas orales, la entonación o la necesidad de tomar un respiro del lector, pero, en el caso de los textos dramáticos que van a ser representados, ¿debemos tener en cuenta la sintaxis o la entonación del actor?

La sintaxis. La puntuación es un asunto gramatical. No hay más. Si el autor desea que entre un sujeto y predicado el actor haga una pausa, deberá poner una acotación, (Pausa.), y no cometer una falta de ortografía. Por otro lado, el director y los actores harán pausas donde consideren, más o menos largas, y la puntuación será guía a veces y otras no, y es así como debe ser. Otra cosa es cuando la obra está en verso, ahí es como cuando se interpreta una partitura, la puntuación obedecerá a la sintaxis y el intérprete la respetará para no romper la estructura.

En distintas ediciones de una misma obra de teatro, a veces nos encontramos las acotaciones entre paréntesis, otras veces sin él, a veces entre corchetes, con punto o sin él… ¿A qué crees que se debe la disparidad de criterios a la hora de aplicar las marcas tipográficas específicas de los textos dramáticos? 

No existe una norma académica para la edición de teatro, hay tradiciones tipográficas, recomendaciones, indicaciones más o menos coercitivas… La realidad es que cada editorial hace lo que considera. Y cada autor, en ocasiones, lo que dicta su fantasía. Lo importante es la coherencia. Un corrector debe saber cuáles son las claves, las opciones, la oportunidad o impertinencia de algunas y aplicar de manera unívoca el criterio que se marque para que el lector sepa siempre quién interviene y qué corresponde a acotación, qué a parlamento, qué a indicación técnica, etc.

¿Crees que esa diversidad de criterios se da también en narrativa o poesía?

En narrativa y en poesía, aunque sin tanta alegría como en el teatro, también hay bailes de opciones, menos en narrativa. Estamos en realidad entre la libertad creativa y la necesaria normativa que nos permite entendernos.

¿Qué debe hacer el corrector de textos teatrales en esos casos?

Hablar con el autor o con el editor, en el segundo caso, con el libro de estilo como arma. Si el texto es un galimatías y hay opiniones contrapuestas, debe escuchar los argumentos y armar una propuesta coherente que facilite la lectura que no traicione (del todo) la propuesta artística.

¿Qué tres consejos le darías a un corrector que se quiere iniciar en la corrección de este tipo de textos?

Formación especializada, ver y leer mucho teatro de toda clase y época y, por último, mucha paciencia. Los textos y autores de teatro son extravagantes, peculiares, problemáticos y maravillosos.

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