¿Estaban ellas en tu libro de Historia del Arte?

Nuevos libros de texto

Si me pidiesen encontrar las diferencias entre un libro de Historia del Arte para 2.º Bachillerato adaptado a la LOMLOE (la última normativa en el ámbito educativo a nivel estatal en España) y un libro de Historia del Arte publicado cuando yo cursé Bachillerato, sin duda señalaría una de las que me parecen más significativas y relevantes: la inclusión de mujeres artistas en el temario. Mientras escribo estas líneas todavía me cuesta creer que cuando yo estudié esa asignatura no se mencionase —ni mucho menos analizase— la contribución de ninguna mujer a la Historia del Arte en los libros de texto. Ni un solo ejemplo. Por supuesto, si entre las páginas del libro aparecían mujeres, lo hacían como musas o como modelos, pero nunca como artistas. Hoy en día esto, afortunadamente, está cambiando.

Puede resultar tentador intentar explicar el desequilibrio entre la presencia de los artistas masculinos y las artistas en los libros escolares recurriendo a la cantidad de obras producidas a lo largo de la historia. Evidentemente las obras creadas por varones son mucho más abundantes que las realizadas por mujeres a lo largo de los siglos, debido a las dificultades que han tenido ellas para acceder a la educación o a la formación artística, o para dedicarse profesionalmente a las artes plásticas.

Sí ha habido mujeres dedicadas al arte a lo largo de la historia

Sin embargo, hoy sabemos que en cada época histórica hubo algunas mujeres que no solo se dedicaron al arte, sino que alcanzaron un reconocimiento público por parte de la sociedad, de academias o de compañeros artistas, que más tarde fue ignorado y silenciado por la historiografía. No es que no hubiese mujeres artistas en el pasado que alcanzaran éxito, simplemente es que al estudiar ese pasado no se ha prestado atención a su obra hasta hace unas pocas décadas. Y esto, por supuesto, se ha visto reflejado en los materiales educativos y escolares.

Hace unos meses colaboré en la edición de los materiales didácticos que acompañan a un libro de texto de Historia del Arte, que requería la adaptación a la normativa educativa vigente (LOMLOE). Me alegró aprender que una de las competencias específicas que los estudiantes deben adquirir según el currículo básico de esta asignatura es la de analizar «el papel que ha ocupado la mujer y la imagen que de ella se ha dado en los diferentes estilos y movimientos artísticos, para visibilizar a las artistas» y uno de los criterios de evaluación es el de «conocer las principales figuras femeninas de la historia del arte, dando visibilidad a la mujer como artista, analizando el contexto político, social y cultural en el que desarrolló su producción artística y reconociendo su esfuerzo por hacerse valer en él».

Esto ha provocado que muchas editoriales hayan tenido que adaptar sus materiales y que entre las páginas de sus libros de texto empiecen a aparecer los nombres de artistas como Ende, Sofonisba Anguissola, Artemisa Gentileschi, Lavinia Fontana, Berthe Morisot, Luisa Roldán, Judith Leyster, Angelica Kauffmann…

No se trata de revisar la historia o de cambiarla, ni mucho menos de excluir ahora a los artistas masculinos de los libros de texto; se trata, más bien, de recoger las aportaciones de todas esas mujeres que, en realidad, sí existieron y contribuyeron con su obra a la Historia del Arte. Su presencia en los libros es fundamental para que alumnos y alumnas también puedan tener como referentes a mujeres artistas.

Todavía queda por hacer

No obstante, me da la impresión de que todavía queda camino por recorrer. Si bien es cierto que ahora se empiezan a incluir las aportaciones de algunas mujeres artistas, suelen aparecer al margen del texto principal, en apartados separados y diferenciados. No acabo de entender por qué el nombre de, por ejemplo, Berthe Morisot —que participó en casi todas las exposiciones impresionistas que este grupo de artistas organizó y que logró el reconocimiento de sus compañeros— no aparece al lado del de Claude Monet, Edgard Degas, Pierre-Auguste Renoir o Edouard Manet. O la razón por la que el nombre de Angelica Kauffmann —una de las fundadoras de la Royal Academy of Art (Londres) y miembro de la de Academia de San Lucas (Roma)— no se menciona al lado de otros pintores del Neoclasicismo como Louis David o Jean Auguste Ingres. A veces su mención parece hacer referencia a algo anecdótico.

Algo similar ocurre cuando se incluyen análisis de distintas obras de arte para explicar la técnica o la iconografía empleada en un determinado periodo o por un movimiento artístico concreto. En el caso de las artistas, si se hace, se suele mencionar tan solo alguna obra, pero pocas veces se analiza su trabajo. Sería interesante encontrar explicaciones de cómo Artemisa Gentileschi utilizaba el claroscuro a la manera de Caravaggio, por ejemplo, o cómo Zaha Hadid hizo uso del deconstructivismo en sus diseños arquitectónicos. Si no, da la sensación de que las mujeres, una vez más, siguen estando al margen.

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